INSULA Max Aub, más allá del laberinto. Número 569. Mayo 94
 
 

MANUEL AZNAR SOLER/
MAX AUB Y LA HISTORIA DEL EXILIO LITERARIO ESPAÑOL



La historia de la literatura española del siglo xx nunca estará completa sin la obra de los escritores republicanos exiliados en 1939. Por desgracia, cincuenta y cuatro años después una afirmación tan obvia sigue teniendo aún entre nosotros vigencia y sentido. En efecto, con la muerte del general Franco se inició el 20 de noviembre de 1975 un proceso histórico de transición de una dictadura militar a una sociedad democrática en que iban a restituirse progresivamente los valores políticos y culturales por los que hubieron de exiliarse aquellos escritores. Parecía un proceso político propicio para recuperar también su obra, máxime con la espectacular victoria del PSOE en las elecciones de 1982, pero no ha acabado de suceder así. Veamos.

Recuperar la memoria histórica, cultural y literaria de nuestro exilio era una deuda moral que la sociedad democrática española debía satisfacer por estricta justicia y por verdadero espíritu de reconciliación nacional. Y, sin embargo, aún hoy, cuando la guerra civil no es ya para la mayoría de nuestra sociedad una experiencia sino un capítulo más de la historia del siglo xx, constatamos que en nuestra literatura parece no haber terminado. Recordemos al azar tres hechos culturales con valor de símbolos: primero, dos estrenos de Alberti, el de El adefesio —interpretado por María Casares en el papel de Gorgo y que inauguró el 24 de septiembre de 1976 la temporada del madrileño Teatro Reina Victoria— y, sobre todo, el de Noche de guerra en el Museo del Prado, acaecido el 29 de noviembre de 1978 en el Centro Dramático Nacional, con dirección de Ricard Salvat y con la asistencia del dramaturgo, regresado ya a España; segundo, la concesión de sendos premios Cervantes al propio Alberti y a Francisco Ayala en 1983 y 1991, respectivamente; tercero, la exposición sobre El exilio español en México, organizada por el Ministerio de Cultura y que pudo contemplarse, desde diciembre de 1983 a febrero de 1984, acompañada por una serie de representaciones teatrales sobre el mismo tema, en el Palacio de Velázquez del Retiro madrileño. Tres hechos culturales dignos de encomio, tres iniciativas puntuales cuyos aciertos sería injusto silenciar pero, al cabo, insuficientes. Y ello porque no han sido expresión de una política cultural que abordara con coherencia y rigor el problema de la recuperación sistemática del patrimonio intelectual de nuestro exilio republicano como una cuestión de Estado, como un tema prioritario de la política cultural de un Estado democrático. En rigor, que la lectura de la Correspondencia (1923-1951) entre dos poetas de la calidad intelectual y moral de Pedro Salinas y Jorge Guillén haya sido posible gracias al trabajo del profesor Andrés Soria Olmedo en la Biblioteca Houghton de la Universidad de Harvard, o que los archivos personales de Rafael Alberti, Manuel Andújar, Francisco Ayala, Rosa Chacel, Juan Chabás o Juan Gil-Albert parezcan salvados por fundaciones o instituciones, no debe ocultar el peligro real de que los de muchos otros escritores puedan perderse definitivamente. En este sentido, resulta esperanzadora la creación en el Trasatlántico de la madrileña Residencia de Estudiantes de un Centro de Documentación, al que sería deseable que fueran afluyendo los materiales documentales de los escritores de nuestro exilio y en el que los investigadores y estudiosos van a poder consultar pronto, entre otros fondos, el archivo y biblioteca de José Moreno Villa, del librero León Sánchez Cuesta o el archivo de Pedro Salinas, documentación microfilmada de la ya antes mencionada y conservada en Harvard. Al igual que resulta estimulante que la colección «Memoria Rota» de la editorial Anthropos siga viva, a pesar de sus pesares económicos. Y, también en este sentido, la historia del Archivo-Biblioteca Max Aub de Segorbe resulta ejemplar y significativa.

Un trabajo colectivo y coordinado

Las laboriosas negociaciones que condujeron finalmente a la compra del archivo y biblioteca de Max Aub por el Ayuntamiento de Segorbe se debieron tanto a la generosidad de la familia del escritor cuanto al empecinamiento personal de Miguel Ángel González Sanchis, profesor de literatura española en un Instituto local, actual director del Archivo-Biblioteca y, a la sazón, alcalde socialista de la capital de la comarca valenciana del Alto Palancia. Por iniciativa suya, el pleno del Ayuntamiento de Segorbe, en sesión extraordinaria celebrada el 11 de noviembre de 1988, aprobó la propuesta por unanimidad, con los votos favorables de todos los partidos políticos que componían entonces la corporación municipal: Acción Republicana Democrática Española, Partido Popular, Centro Democrático y Social y Partido Socialista Obrero Español. Posteriormente, en la Comisión de Gobierno del día 10 de diciembre de 1988 se acordó la creación de la Fundación Max Aub, no constituida hasta hoy. Finalmente, el 27 de mayo de 1991, el Ayuntamiento y la Fundación Caja Segorbe establecieron un convenio para depositar provisionalmente el legado de Max Aub en esta institución, a la espera de que se inaugure el Archivo-Biblioteca Max Aub, actualmente en construcción.

Ahora bien, este desenlace provisionalmente feliz de una historia cervantinamente «ejemplar» como la del Archivo-Biblioteca Max Aub de Segorbe no ha resuelto aún, pese a todo, el verdadero problema de fondo: el de la recuperación para el lector español de la obra literaria completa del escritor Max Aub. Porque ese compromiso de recuperación pasa ineludiblemente por impulsar la publicación tanto de ediciones críticas de cada una de sus obras literarias como de unas verdaderas Obras Completas que incluyan, por ejemplo, el valioso epistolario conservado en el Archivo. Ediciones sueltas y Obras Completas realizadas, claro está, con el debido rigor filológico. En este sentido, y por el bien del propio Max Aub, quiero lealmente manifestar que no deben repetirse en el futuro errores tan bienintencionados como el de la reciente edición de San Juan (1); que no deben volver a publicarse ediciones sin fijar el texto y sus variantes, si las hubiere; sin un estudio introductorio sobre la obra y su significación en el conjunto de la literatura maxaubiana, y, por último, sin notas que ayuden a superar al lector medio de estudiantes y curiosos las dificultades objetivas de tipo histórico, político, literario o lingüístico que el texto plantea. Y de ahí una verdad de Perogrullo que en modo alguno conviene olvidar: la recuperación de la obra literaria de Max Aub, como la de todo el exilio literario español —no sólo en lengua castellana, sino también, claro está, en lenguas catalana, gallega y vasca—, debe ser resultado de un proceso de trabajo colectivo y coordinado en el que deben participar los investigadores más cualificados. Por otra parte, una vez editado en un futuro esperemos que próximo su teatro, ¿para cuándo el estreno, con la dignidad debida y en un teatro público —en el Centre Dramàtic de la Generalitat Valenciana pongo, y no por casualidad, por caso—, de una tragedia de tanta calidad dramatúrgica y, por desgracia, de tanta actualidad y sentido en nuestra realidad histórica presente (auge del neonazismo, del racismo y de la xenofobia) como San Juan, que por la amplitud de su reparto es una puesta en escena que muy difícilmente acometerá nunca una empresa privada?

El GEXEL

Si el caso de Max Aub ilustra con claridad las dificultades inherentes a la edición de la obra de un solo escritor, se entenderá fácilmente que el intento de recuperación del exilio literario sea un trabajo que, por su envergadura y complejidad, sólo pueda abordarse con rigor a través de un proceso de trabajo colectivo. Coherente con esta convicción, el Grupo de Estudios del Exilio Literario (GEXEL) se ha constituido el 16 de enero de 1993 como un grupo de investigación adscrito al Departamento de Filología Española de la Universitat Autònoma de Barcelona, que se plantea como tarea prioritaria y urgente —una tarea de obvias connotaciones no sólo académicas sino también éticas y políticas— la reconstrucción de la memoria histórica del exilio literario español de 1939. En algunos párrafos de su Manifiesto fundacional, el GEXEL explica sus objetivos y proyectos de trabajo en estos términos: «El mejor homenaje a un escritor, vivo o muerto, consiste en leerlo, tarea particularmente difícil en el caso del exilio. Al margen de aquellos autores cuya obra ha sido total o parcialmente recuperada, una gran parte de nuestros escritores exiliados nos son aún hoy inaccesibles, ya que muchos de sus libros no figuran en bibliotecas públicas, catálogos editoriales o librerías. En suma, que la mayoría de nuestros escritores exiliados, a quienes la política del franquismo condenó al silencio y al olvido, siguen siendo escritores ignorados. Apelamos a la conciencia y sensibilidad de la sociedad española para que repare esta injusticia y salde, de una vez por todas y con la debida dignidad, esa deuda moral contraída con aquellos españoles que pagaron con el destierro forzoso su fidelidad a la legalidad democrática republicana y su defensa de la libertad de nuestra cultura. Apelamos a la necesidad y urgencia de recuperar este patrimonio cultural y literario. Olvidarse del exilio, ahora que aún puede reconstruirse buena parte de su historia documental y literaria, sería su segunda muerte, acaso ya definitiva.

Estamos firmemente convencidos de que la recuperación de nuestro exilio debería haber sido una cuestión de política de Estado y de que, salvo iniciativas puntuales cuyo mérito sería injusto no reconocer, el exilio constituye una asignatura pendiente de la política cultural de la España democrática y, especialmente, de un gobierno cuyo partido luchó en defensa de aquellos mismos valores. Estamos firmemente convencidos de que la recuperación del exilio no puede quedar abandonada únicamente a la iniciativa privada, por bien intencionada que ésta sea, y por ello recabamos la ayuda para nuestro proyecto de las instituciones del Estado: Gobierno Central, Gobiernos Autonómicos, Diputaciones Provinciales y Ayuntamientos.

Nos gustaría que el pueblo español pudiese leer lo antes posible a los escritores del exilio cuyas obras aún no han sido reeditadas y que esta literatura desterrada regresara a su tierra y a su público, es decir, estuviera a su alcance en las librerías o bibliotecas sin otro criterio que el de su calidad.

En ese proceso de recuperación de nuestro exilio literario, el Gexel se plantea los siguientes objetivos a corto, medio y largo plazo:

1.  Impulsar la investigación sobre el exilio literario español en todos sus géneros (novela, poesía, teatro, ensayo) y en todos sus ámbitos (desde México a Moscú, desde París a Buenos Aires), así como la de toda su infraestructura cultural (editoriales, revistas). Para ello anunciamos como primer trabajo colectivo de nuestro Grupo la preparación de una bibliografía crítica de y sobre el exilio literario español.

2.  Organización, entre marzo y diciembre de 1993, de un Seminario en esta Universitat Autònoma de Barcelona sobre nuestra literatura del exilio, proyecto para el que se ha contado con la ayuda en firme del Ministerio de Cultura y del Departament de Filologia Espanyola.

3.  Creación de la Biblioteca del Exilio, integrada en la biblioteca de nuestra Facultad de Letras, en donde figurarían ejemplares originales o fotocopiados de las obras de creación, así como de los estudios críticos publicados sobre las mismas.

4.  Coordinación de las iniciativas de diversas entidades públicas o privadas, tanto españolas (Fundación Caja Segorbe, Diputación Provincial de Jaén, Editorial Anthropos) como extranjeras (Ateneo Español de México), a fin de promover la publicación de obras, estudios e investigaciones sobre el exilio literario español. Apuntamos la posibilidad de crear un Premio, que se otorgaría a un proyecto de trabajo que implicara también su edición en la serie “Estudios” de la colección “Memoria Rota” que viene publicando la editorial Anthropos.

5.  Coordinación de un número monográfico doble de la revista Anthropos, con su correspondiente suplemento, sobre El exilio literario español, que se publicaría en marzo-abril de 1995.

6.  Organización, en tanto grupo de investigación reconocido por la Universitat Autònoma de Barcelona, de un Congreso Internacional sobre El exilio literario español, a celebrar en Bellaterra durante la primavera de 1995.

7.  Impulsar y coordinar un proceso de trabajo colectivo que conduzca, en colaboración con otros investigadores o grupos de investigación españoles y extranjeros, a la preparación y posterior edición de una Historia de la literatura del exilio.»

Dada la precariedad de sus medios económicos, las realizaciones del GEXEL durante 1993 se han reducido a dos actividades fundamentales: en primer lugar, iniciar la preparación de una bibliografía del exilio literario español, esto es, intentar reconstruir la nómina exhaustiva de autores y el catálogo completo de obras que constituyen en rigor la Biblioteca del Exilio Literario; y en segundo, organizar un Seminario sobre el tema en el que, por diversos motivos personales, no pudieron participar a última hora Rafael Alberti, Manuel Andújar ni Francisco Ayala, pero en el que han intervenido sucesivamente protagonistas y estudiosos tan cualificados de nuestro exilio literario como Francisco Caudet («Hipótesis sobre el exilio») y José María Naharro Calderón («Entre el interior del exilio y el exilio del interior», ambos el 12 de marzo), Rosa Chacel («La literatura del exilio», 26 de marzo), Xosé Riveiro («La obra literaria de Eduardo Blanco-Amor», 15 de abril), Eugenio F. Granell («Mi exilio en la República Dominicana», 23 de abril) y Virgilio Botella Pastor («Por qué escribo acerca de la guerra civil, y sobre todo del exilio, solamente», 7 de marzo). Este Seminario se clausuró en Bellaterra los días 9 y 10 de diciembre —en vísperas del Congreso Internacional sobre Max Aub y el laberinto español de Valencia, en el que intervinieron once miembros del GEXEL— con un Homenaje a Max Aub y al exilio literario español en el que colaboraron más de veinte ponentes y comunicantes. Con todas estas iniciativas el GEXEL quiere expresar públicamente, desde su modestia y precariedad, su compromiso permanente de desarrollar a partir del presente año los proyectos de trabajo antes mencionados, con el objetivo de contribuir como grupo de investigación —muy especialmente al convocar para 1995 un Congreso Internacional—, a la difícil, pero necesaria y urgente recuperación del exilio literario español.

M. A. S.—UNIVERSITAT AUTONOMA DE BARCELONA

(1)  Max Aub, San Juan. Tragedia, «Presentación» de Roberto Mesa, «Prólogo» de Enrique Díez-Canedo, Barcelona, Fundación Caja Segorbe/Anthropos, 1992.

(3)  Por la capacidad combinatoria de Javier Marías, destaco este volumen (Siruela, 1990 3). Con esta antología de escalofríos ingleses, el autor muestra su virtuosismo.

(4)  F. Valls, Son cuentos. Antología del relato breve español, 1975-1993, Madrid, Espasa Calpe, col. Austral, serie «Contemporáneos», 1993.

(5)  Los mimetismos son también un modo de hacerse con un estilo y, mejor aún, de manifestar esa capacidad de consagrar un fantasma inglés en un castellano más flexible.

(6)  Las dos citas en «Mientras ellas duermen», dentro del volumen homónimo, Barcelona, Anagrama, 1990, pp. 171 y 169.

(7)  Todas las almas, Barcelona, Anagrama, 1990 5 , p. 88.

 
 
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